
El arte de la magia implica el hacer cosas extraordinarias, admirables; es arte de entretener mediante trucos que aparentemente suponen una violación de las leyes de la naturaleza. Una obra de la magia deja maravillado al espectador, lo sumerge en mundo estupendo, fabuloso, irreal, que supera todas las leyes físicas, la lógica. Sabe escapa a la realidad, pero a la vez, siente el espectáculo de magia tan real, que no deja de asombrarlo, sorprenderlo; no despierta más que admiración, aunque a veces la curiosidad o la razón pongan límites al placer que brinda el contemplar estos magníficos actos.
Se entrega pues como un niño a la fantasía, a la sorpresa, deja volar su imaginación de la mano del mago que lo invita a jugar sin pedir explicaciones.Como en todo arte escénico, es fundamental la comunicación del artista con el público; el mago debe atrapar totalmente su atención, adueñarse de sus miradas, manejarlas, atraerlas o desviarlas, conducirlas hacia los espacios convenientes en los momentos precisos, para que sus actos sean aceptados como mágicos y no percibidos como simples trucos, donde jugaría la razón y se perdería el interés por la magia.
Se entrega pues como un niño a la fantasía, a la sorpresa, deja volar su imaginación de la mano del mago que lo invita a jugar sin pedir explicaciones.Como en todo arte escénico, es fundamental la comunicación del artista con el público; el mago debe atrapar totalmente su atención, adueñarse de sus miradas, manejarlas, atraerlas o desviarlas, conducirlas hacia los espacios convenientes en los momentos precisos, para que sus actos sean aceptados como mágicos y no percibidos como simples trucos, donde jugaría la razón y se perdería el interés por la magia.
La voz del mago, su forma de expresarse, (con o sin palabras), sus gestos, pausas, movimientos, rapidez y agilidad, gracia, inteligencia, creatividad, destrezas, habilidad de sus manos, sus bromas, los desafíos propuestos en escena, todo resulta fundamental para que la función de la magia tenga éxito. El mago debe concentrarse en sus actos, pero no demasiado, porque abandonaría al público, debe hacerlos con naturalidad, para que simplemente fluyan, como si esa fuera la lógica de los hechos, cuyo curso no depende de él, sino que él mismo, como el público, está entregado, sometido y sorprendido por lo sucedido en escena; pero a la vez, el reconocimiento de los espectadores hacia el artista se manifiesta en aplausos, rostros de asombro, sonrisas y carcajadas.Los magos basan sus prácticas en principios psicológicos y en la utilización de métodos manipulativos y mecánicos. Estos principios psicológicos son la distracción, la sugestión, la imitación y el ocultamiento. Los espectadores no ven todo lo que ocurre, y creen ver cosas que en realidad no suceden. Esta percepción engañosa conduce a falsas creencias, a una lógica falaz y, en definitiva, a la convicción de que el ejecutante consigue hacer cosas imposibles. La destreza manual del mago le permite realizar ciertos movimientos que el espectador no percibe o bien porque son ocultos, bien porque se disimulan imitando cualquier acción inocente y natural. Para los trucos más difíciles el mago además de sus manos emplea diversos instrumentos.

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